Texas, en la noche.
Eran dos
Y es uno el que acecha
Se oculta en la
espesura
(tras de un auto)
Es senda, bosque
oscuro, este camino
El
Puente de Xochimilco
Es el mismo
Aunque en su cambio
Anuncia la sequia su reino
Y de cicatriz, en cicatriz andando
Se pregunta el viejo
Si este ha de volver
El rio
Pues añora otros retornos.
Bajando del cerro,
buscando
Suerte aquella
De palabras, ajenas
O de hacer sobre este mundo acaso
De aquello que ser dicho no
puede, un acto
Que compense las ofensas
Los olvidos y las penas
Madre, apiádate y perdona.
Madre. Es silencio, lo que queda.
Tormenta y
Temblor
Que en sus centros que ciñen
al mundo
Que son madre, son diosa, son muerte
Se desgarre su vientre y de
noche
(alumbren las brujas)
Se agite, y su colera limpie
O perdone el terror que es el mundo.
Visceras Podridas junto al
muelle de una bahía
Paraíso.
Paraíso de hedor
y de carne
Ruge un mar embravecido
Llagas de sol en la piel del antebrazo
Tiembla en el pecho la
angustia
un rostro conocido
(una sonrisa, una inquietud,
una promesa)
Y la tarde se diluye
Sabe a derrota
Junto al
mar
la noche
espesa
Petenera
Dicen que la petenera
Era ya anciana mujer
Que, aunque el olvido detuvo
Jamás llego a enloquecer.
Dicen que la petenera
Siempre fue grande mujer
Que llegó temprano al pueblo
Y murió al atardecer.

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