lunes, 23 de abril de 2012

Poética VI.



Explosión

Quiero ahorcar el tiempo

Deshacerlo, enviarlo al fuego


Que ardan sus segundos


Que se derritan sus horas


y que la extensión del mundo permanezca así


Sin cambio alguno


Quiero que se pierdan los recuerdos


Que se rompan los balcones


Que se tuerzan nuestras calles


Que se borren las pisadas


Quiero que se pierdan todos los relojes


Quiero que mi piel ya no se incendie


Quiero olvidar cada palabra


Que se volatilicen los instantes


Que el papel se derrame por el suelo


Quiero que se de tengan todas las clepsidras


Que se rieguen todas las fuentes


Que se desborden todos los manantiales


Y quiero,


Que nada pase


Que el mundo no se acabe


Que nuestro mundo no se acabe


Que nuestro mundo no sea solo un chispazo


Que tus manos no se vayan


Que tus ojos no se pierdan


Quiero que me tengas


Flotando en el espacio


Flotando sobre el mundo


Quiero noches de colores claros


Claros de noches, de contornos cortos


Quiero un silencio que me dure hasta la madrugada


Un grito que escuche hasta mis entrañas


Quiero que se muera el tiempo


Y que nada pase


Y que todo acabe


Pero que nunca termine


Quiero que todo suceda


Que encontremos los recuerdos


Que miremos los balcones


Que nos perdamos en esas calles


Que pisemos estos suelos


Que atrasemos todos los relojes


Que mi piel arda con la tuya


Que cada palabra perdure


Que los instantes se alarguen


Que el papel flote en el viento


Que se reviertan todas las clepsidras


Que se inunden todas las fuentes


Que nunca desaparezca


Que nunca desaparezcas. 

sábado, 21 de abril de 2012

Poética V


Excentricidad.

Extraño extrañarte en el centro.
Esperar sin tiempo, sentado a la sombra de un árbol inmóvil.
Sentir el viento en las manos y en el cuello congelar mis dedos.
Extraño buscarte en el centro.

Deducir tu sombra, entre todas las figuras,
Las figuras grises que caminan por la calle.
En la inquietud perturbadora de la tarde.
Caminar, así, siempre, casi con descuido.

Con el corazón latiendo rápido como un castigo.
Con las manos temblorosas por el frío, por el agua, por el viento, por el sol.
Con el temor atravesado del silencio infinito.
Buscando tus pasos en cada esquina.

Imaginando tus labios, desdibujando en mi mente sus orillas.
Pensando, con el corazón deshecho a ratos que solo te veré a lo lejos.
Perdida, ausente, silenciosa.

Así jugamos al silencio y a lo imposible.
A buscarnos sin que tu sepas que te busco.
A querernos sin que tu sepas que me quieres.
Porque entonces la ilusión se detiene en los balcones.

Así la luz se va volviendo sobria.
Escurriendo de puertas y ventanas.
Hasta el suelo en charcos sombríos que se diluyen.
Con los pardos colores de la piedra.

Y me siento, solo, acorralado en las formas oscuras de una plaza.
Esperando que la tarde acabe.
Que la inspiración me venza.
Pero el sol desaparece y me deshago. 

Extraño encontrarte en el centro.
Después de abandonar toda esperanza.
Jugamos al silencio y a lo inútil. 
A no mirarnos sin que yo sepa, que no ibas a mirarme.
A no llamarnos sin decirnos, que no ibas a llamarme.

Y así como el tiempo me destroza
Me hace pedazos, me derrota.
Hay un tiempo, después, cuando nos vamos,
Donde las cosas exceden sus contornos,
y mis palabras rebotan en paredes, en alguna parte, detrás de tus ojos. 

Así me gusta extrañarte en el centro.
Con las manos temblorosas. Con ilusiones difusas.

Así me gusta buscarte en el centro.
Por calles largas, y por esquinas cerradas.

Y me gusta encontrarte en el centro.
Jugar a lo posible y al silencio.

A no decirnos nada. 
A no pensarnos nada.
A callarnos sin callar nuestras miradas.

Y
Jugamos a la tarde.
Donde las cosas se vuelven casi absurdas.

Y
Jugamos a la noche.
Donde todos, incluso tú, querida, perdemos los contornos.

jueves, 19 de abril de 2012

Poética IV.

Desesperación Nocturna.

Hay veces que la espera duele en lo profundo,

En el centro de los huesos,

En la ausencia.


Hay otras veces que sueño con tu risa,

Rompiendo los silencios,

Alejándose en el viento que se pierde


Hay veces en que la noche se alarga,

Convirtiendo en infierno los confines,

De este tiempo que se acaba.


Hay veces cuando tu sombra,

Se desliza muy lenta,

Frente a mis ojos cansados.


Hay veces en la noche,

Cuando no te encuentro.

Porque estas allí, muy lejos.


Hay veces que en silencio, se detiene tu nombre

Grabado en el pecho de tu distancia

Perfecta.

viernes, 13 de abril de 2012

Noche.

Y luego la noche.
Con sus luces perversas.
Consume el tiempo en las esquinas de tus ojos.


Luego la oscuridad

Se escurre por los muros.

Proyectando sombras en el vacío de tus manos.


Puede ser que las distancias.

Inesperadas, en los espacios imposibles.

Se disuelven en el tiempo de tus labios.


Por que de pronto.

En el espacio vacío de lo absurdo.

Surgen los petardos de la angustia.

Dirigiendo sus ponzoñas al tiempo que se consume.

En los bordes acuosos de mis ojos.