miércoles, 15 de agosto de 2012

Poética "n"


Un hombre desnudo.
La soledad del silencio.
Una eternidad varada
En una telaraña de lamentos
Así es la mañana
Un adagio de cuerdas
contra el viento

Nos perdimos en la extensión de la avenida
Para entonces el invierno ya se había levantado
Había extendido sus extremidades
Sobre la extensión infame de los bosques de concreto
Había destendido sus sabanas blancas
Y en nuestros pies solo quedo agua
Tú dijiste “adiós”
Pero no había ningún aplomo en tu voz quebrada
Sabía que no te irías 
Y sin embargo nos miramos un instante
Con la confianza de quien mira un precipicio
Y me dijiste “No dejarás jamás que me vaya”

Otra niebla a media tarde
La luz no alcanza para medir tragedias
Las nubes se amontonan
Forman promontorios en el cielo azul 
eléctrico
Las sombras de los faroles se descuidan en las esquinas
Tú dijiste “adiós”
Pero no había ningún sonido en tu voz callada
Nos quedamos mirando como extraños en la soledad de la calle

Tantas otras horas largas
Transcurrieron en anhelos tenues
Tantas veces se rompieron los tendones
Tantas voces resonaron en tus tímpanos
Tanto era el miedo a lo distante
Que dijiste “adiós”
Y yo dije “adiós”
Y desaparecí en la oscuridad de la noche.

Y en la soledad de un andador
O en su desolación de multitudes
Nunca se encontró nada que dure
Nunca los castillos fueron tan posibles
Y tú me dijiste “hola”
Y yo solo dije “adiós”
Y me alejé tras una esquina.