domingo, 29 de septiembre de 2019

Poética IX



Texas, en la noche.

Eran dos
            Y es uno el que acecha
Se oculta en la espesura
            (tras de un auto)
Es senda, bosque oscuro, este camino

El Puente de Xochimilco

Es el mismo
            Aunque en su cambio
            Anuncia la sequia su reino
            Y de cicatriz, en cicatriz andando
            Se pregunta el viejo
            Si este ha de volver
El rio
            Pues añora otros retornos.
           
Bajando del cerro, buscando

Suerte aquella
            De palabras, ajenas
                        O de hacer sobre este mundo acaso
                                    De aquello que ser dicho no puede, un acto

Que compense las ofensas
            Los olvidos y las penas
                        Madre, apiádate y perdona.

            Madre. Es silencio, lo que queda.

Tormenta y Temblor

Que en sus centros que ciñen al mundo
            Que son madre, son diosa, son muerte
Se desgarre su vientre y de noche
            (alumbren las brujas)
Se agite, y su colera limpie
            O perdone el terror que es el mundo.

Visceras Podridas junto al muelle de una bahía

Paraíso.
Paraíso de hedor
            y de carne

Ruge un mar embravecido
            Llagas de sol en la piel del antebrazo
Tiembla en el pecho la angustia
            un rostro conocido
            (una sonrisa, una inquietud,
                        una promesa)

Y la tarde se diluye
            Sabe a derrota
Junto al mar
la noche espesa

Petenera

Dicen que la petenera
            Era ya anciana mujer
Que, aunque el olvido detuvo
            Jamás llego a enloquecer.

Dicen que la petenera
            Siempre fue grande mujer
Que llegó temprano al pueblo
            Y murió al atardecer.