Tengo que ver a Jazz, y salgo a la calle, la calle cerrada, la calle
desierta, y me siento a esperar y Pablo me ve, y me le acerco y le
susurro al oído las cosas que a Pablo le gustaría oír pero no se
atreve, y lo veo a los ojos y encuentro que me evita, ya deja tus
mariconadas, entre broma y broma, cerrada de su parte, el se me acerca
sin querer y yo lo beso en los labios, y dejo un rastro pegajoso en su
barbilla, y yo lo estrecho y le vuelvo a susurrar, y luego va a
empezar a llover, a llover y deja que me moje le digo a Pablo que
prefiere no mirar porque si me mira sabe que él no quiere estar
perdido, y sabe además que conmigo esta perdido mientras le tomo la
mano y el se muerde los labios y lo dejo ahí parado, en medio de la
lluvia, con ganas de seguirme, parado, bajo una cornisa a medio
levantar después de que me fui intempestivamente, sin mirarlo, y solo
mirando su nerviosismo y sus ganas de gritar, de golpearme mientras lo
veo, solo mirando su cara de culpa y placer me doy cuenta de que es
tarde, porque miro también como la lluvia que se escurre de las
montañas al valle, de las paredes al suelo, la lluvia que forma
arroyos ya comienza a reflejar los faros de los automóviles y los
destellos de las lámparas eléctricas, y me voy sonriéndole y
moviéndome para provocarlo, para que él me mire alejarme y se quede
derrotado, con una victoria perdida, sentado en las escaleras y
mirando mis pantalones manchados de lodo; y tengo que ver a Jazz me
repito en despreocupada huida, escabulléndome por el único callejón,
escasos dos, escasos cuatro, escasos cinco o seis, y buscando a Jazz
con la mirada en cada rincón oscuro, bajo un platanar o en un
automóvil, en sus cristales polarizados, y es que a veces también
busco a Jazz que tiene la cara de Pablo culpable, a Jazz con la cara
de Pablo angustiado, y entre farol y farol discurren las imágenes de
la ciudad donde nada pasa y ahora solo anochece, y solo llueve con una
lluvia que es un tamborileo leve sobre las piedras alineadas de los
conventos, y me meto en cada puerta abierta intentando encontrar a
Jazz comiendo un sándwich, tomándose un café o leyendo el periódico, a
Jazz boleándose los zapatos o a Jazz escuchando Jazz o escuchando
trova, o tocando trova y susurrando jazz, a Jazz con los ojos
violetas, o violáceos, o solo delineados con violeta… y también
intento distinguir a Jazz drogada en un parque con su sonrisa
inocente, a Jazz que no se droga, a Jazz que nunca habla, entre
puertas abiertas y resplandores áureos me detengo bajo un portón de
madera apolillada, no falta mucho para que esté podrida, miro venir de
nuevo a Pablo y ahora soy yo quien se detiene, quien intenta no verlo
de nuevo, y Pablo se me acerca sin susurrarme, solo me habla y hago
que no lo escucho y lárgate Pablo le digo y corro, y esta vez no
volteo, no porqué él no es Jazz, y aunque lo fuera no seria lo mismo,
y es que tengo que encontrar a Jazz de una sola vez para tomarla de la
muñeca y forzarla a escucharme, a Jazz donde éste, en medio música
electrónica, donde no pueda ni verla, nunca, jamás de nuevo con esa
misma mirada, simple y suave, tomándose una cerveza sola, gritando
borracha en medio de la calle, pero ella no tiene porque gritar
borracha en medio de la calle, soy yo quien tiene que gritar para
encontrarla, para ver sus ojos delineados de lilis, sus ojos color
miel, mirándome frágiles, estallando en lagrimas cuando le pida que me
perdone y la abrase para oler su piel que solo va a oler a Pablo, que
me viene siguiendo aunque me esconda, despacio, muy despacio, él me
sigue y sé lo que va a a decirme, y cuando me lo diga, cuando me
encuentra yo lo agarro y lo miro a los ojos y pongo de nuevo mis
labios contra sus labios y no, querido no, no, le digo no. Para que
ahora él cierre sus labios, los apriete, los selle como fuego, y me
diga que no más para que ahora yo siga buscando a Jazz, a Jazz para
estrecharla una vez más, para decirle con voz trémula, implorarle que
me perdone, para que pueda sentir su pelo suelto, a veces del color
del fuego y a veces negro, café como lodo, y para que acaricie la piel
de sus labios con mis dedos, para que Jazz me odie una vez más, para
que pueda gritarle, y discúlpame le digo, y ella no me haga caso y que
me ignore, y que siga con su café, así desconcertante, como si yo no
hubiese existido como si Pablo no fuese real, como si yo que la
encuentro tan frágil, hablando de Pablo no le hubiese jamás dicho que
Pablo la engañaba conmigo, como si nunca le hubiera dicho que yo la
amaba a ella, que yo la deseaba a ella, como si nunca hubiera besado a
Pablo una vez para probar, de lejos, la sensación de besar a alguien
con su perfume en el aire, como si yo fuese quien siempre, quien sea,
ahora que me dice que Pablo ya no la quiere más, Él me lo dijo, me
dice, me dice que quiere a alguien más me dice.

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